¿Tendrá alma lo que escribe una máquina? Un autor independiente frente a la inteligencia artificial
Este año empecé con mucho entusiasmo a escribir mi segundo libro. Los primeros días las ideas fluían de una manera impresionante. Incluso probé eso de escribir a mano, que según dicen activa más áreas creativas del cerebro, y la verdad es que funcionó muy bien… durante un par de días. Luego tuve que reorganizar mis horarios y cambiar las horas de escritura por horas de capacitación laboral. Y uno de los motivos, aunque de forma indirecta, fue la inteligencia artificial.
En ese sentido, 2026 ha sido un año de retos. Mucha gente ve la IA como una herramienta novedosa que viene a cambiarnos para bien como especie. Otros se ubican más del lado de la ficción posapocalíptica. Y otros, como yo, simplemente nos preguntamos cómo vamos a encajar en esta nueva realidad sin quedar en el olvido. Lo digo desde un punto de vista estrictamente laboral: este año he visto muchos despidos en el área de tecnología. Y no es solo mi percepción: según Layoffs.fyi, un sitio que registra los despidos en empresas tecnológicas, entre enero y principios de agosto de 2026 más de 125.000 trabajadores del sector perdieron su empleo, una cifra que en apenas siete meses ya superaba el total de todo 2025. Algunas empresas, como Oracle, han reconocido abiertamente que la adopción de la IA influyó en la reducción de su personal. Por eso mi prioridad este año fue capacitarme en IA para no sumarme a esas estadísticas.
Mi lado creativo quedó en pausa, y hoy lo retomo escribiendo este texto. Hacía mucho tiempo que no escribía nada, así que este artículo es también mi forma de anunciar que vuelvo. Y vuelvo con una pregunta: si en el mundo de la tecnología tenemos que capacitarnos y adaptarnos para no quedar atrás, ¿pasa lo mismo en el mundo literario? Publiqué mi primer libro hace apenas un par de años. Sigo formándome y aprendiendo a expresarme con palabras para que otros me lean. Y como fundador de Círculo de Autores, siento que me toca profundizar en el impacto de la IA en la escritura actual.
Empecemos por lo básico: ¿qué es la IA?
Mucha gente cree que es una especie de supercerebro que lo sabe todo y tiene la verdad absoluta. Es cierto que hace cosas increíbles: edita videos e imágenes, reduce drásticamente los tiempos de investigación y nos ayuda a automatizar tareas rutinarias. Pero siempre conviene tener claro lo que es y lo que no es. No es una persona. Es un sistema matemático que aprende patrones a partir de enormes cantidades de datos. Por eso, su calidad depende en gran medida de los datos con los que fue entrenado.
¿Cómo funciona?
Explicado de forma muy sencilla, los modelos de lenguaje (como ChatGPT, Gemini o Claude) dividen el texto en pequeños fragmentos, llamados tokens, que pueden ser palabras o partes de palabras. Cada fragmento se convierte en números, y a partir de millones de textos el modelo aprende qué palabras suelen ir con cuáles y en qué contexto. Cuando le haces una pregunta o le pides algo, no busca la respuesta en una gran biblioteca: calcula, fragmento a fragmento, cuál es la continuación más probable de acuerdo con todo lo que aprendió. Es decir, la IA predice. Por eso a veces acierta de forma asombrosa y otras veces inventa datos con total seguridad. Y por eso también hay algo que no debemos olvidar: si los datos con los que aprende están sesgados o son erróneos, sus respuestas también lo serán.
La IA en el mundo literario
Una de las noticias que más me impactó este año fue el caso Bartz contra Anthropic, la empresa creadora de Claude. Un grupo de autores la demandó en Estados Unidos y, durante el juicio, se conoció que Anthropic había descargado más de siete millones de libros desde sitios piratas para entrenar sus modelos. Además, había comprado millones de libros impresos, a los que les quitó la encuadernación para escanearlos y luego desecharlos.
Hay un matiz importante: el juez consideró que entrenar una IA con libros comprados legalmente podía considerarse "uso justo" según la ley estadounidense, pero que descargar copias pirateadas no lo era. Ese fue el punto que llevó al acuerdo. En julio de 2026, la justicia de Estados Unidos aprobó de forma definitiva un acuerdo por el que Anthropic pagará 1.500 millones de dólares a autores y editoriales: unos 3.000 dólares por obra, por cerca de medio millón de libros. Es el acuerdo por derechos de autor más grande de la historia. Los autores fueron compensados pero.. ¿Fue justo? ¿Estuvo bien que Anthropic pdueira hacer eso por más que haya "compensado" sus acciones?
¿Qué tiene de malo alimentar a la IA con nuestros libros?
Depende. Desde el punto de vista científico, entrenar modelos con grandes volúmenes de información puede acelerar el descubrimiento de curas, vacunas o investigaciones en áreas que antes ni imaginábamos. Pero en el terreno literario, el objetivo de ese aprendizaje es, justamente, aprender a escribir como nosotros.
Hoy todavía está en una etapa relativamente temprana, pero imaginemos lo que puede pasar cuando una herramienta mucho más rápida que cualquier persona se dedique a producir textos calculados al milímetro para hacerse virales. Esa avalancha competiría directamente con los escritores de a pie, sobre todo con quienes venimos de editoriales independientes y ya estamos lejos de la distribución masiva. A esto se suma otro tema: la propiedad intelectual. Los derechos de autor no son eternos. En Argentina, por ejemplo, una obra pasa al dominio público 70 años después de la muerte del autor; en Estados Unidos, el plazo es similar, y las obras de empresas pueden estar protegidas hasta 95 años desde su publicación. Cuando eso ocurre, cualquiera puede usar la obra original.
Las grandes compañías conocen bien este juego. El caso de Disney es un buen ejemplo: en 2024, la primera versión de Mickey Mouse, la de Steamboat Willie (1928), pasó al dominio público en Estados Unidos. Sin embargo, las versiones posteriores del personaje siguen protegidas, y Disney no deja de producir remakes, live actions, nuevas animaciones y spin-offs de sus propios clásicos. Una nueva versión no renueva los derechos de la obra original, pero sí protege todo lo nuevo que se le agrega y mantiene la franquicia viva y bajo su control. Ahora pensemos en lo que podría hacer una IA capaz de generar en minutos miles de "reinterpretaciones" de obras clásicas. ¿Quién gana en ese escenario: los autores o quienes controlan las máquinas?
El alma en la escritura
Hace tiempo leí en Mientras escribo, de Stephen King, que escribir es una forma de telepatía. Uno tiene algo en la cabeza (por ejemplo, un paisaje hermoso) y trata de describirlo lo mejor posible. Luego el lector ve ese mismo paisaje, con sus propias diferencias según su experiencia personal, pero en esencia ambos están conectados viendo "lo mismo", aunque hayan pasado años entre un momento y otro.
Esa conexión ocurre porque detrás de las palabras hay alguien que siente, recuerda y quiere decir algo. Entonces me pregunto: ¿los textos literarios generados por IA, que son pura estadística y cálculo, tendrán alma? Quiero creer que no, y que siempre será así. Pero no puedo asegurarlo.
Herramienta versus ética
Lo que más me gusta de ser escritor es que uno puede vivir varias vidas y ejercer muchas profesiones. Si invento un personaje que es físico nuclear, no necesito estudiar física nuclear para darle credibilidad, a menos que la historia gire en torno a eso. Lo que sí hace falta es investigar, para no quedar como alguien que no sabe de lo que habla en un tema que queremos que parezca real (salvo que se trate de ciencia ficción, claro).
En esa etapa, apoyarse en la IA puede ser una gran ventaja: permite investigar más rápido, siempre que sepamos qué preguntar y verifiquemos lo que nos responde, porque, como ya vimos, también se equivoca. Lamentablemente, me he encontrado con colegas que usan la IA como parte de su obra, ya sea para terminar más rápido o para "mejorar" el texto. Yo prefiero mil veces escribir un cuento malo salido de mi cabeza que pedirle a una máquina que lo haga por mí y firmarlo con mi nombre. Pero no todos piensan igual, y cada quien tiene sus valores. No juzgo esa decisión; solo dejo clara la mía.
¿Y ahora qué?
Hay un dato que me parece esperanzador: en Estados Unidos, la Oficina de Derechos de Autor y los tribunales han sostenido que una obra creada íntegramente por una IA, sin una participación humana significativa, no puede registrarse a nombre de nadie. Al menos por ahora, la ley sigue reconociendo que la autoría es humana.
Por eso, tanto a autores como a lectores los invito a reflexionar sobre este tema. ¿Qué podemos hacer desde nuestro lugar? ¿Exigir leyes que regulen el uso de nuestras obras? ¿Reforzar la protección de la propiedad intelectual? ¿Pedir que se indique claramente cuándo un libro fue escrito con IA? ¿O dejarnos arrastrar por el sistema y escribir un libro en un día?
Lo dejo a su criterio. Me encantaría leerlos en los comentarios o en mis redes sociales, donde me encuentran como @soymarcopetit.
Fuentes:
Un dato sobre la cifra: es de Layoffs.fyi, que registra sobre todo empresas tecnológicas de Estados Unidos, y llega hasta el 6 de agosto de 2026. Otro registro, TrueUp, que también cuenta startups y empresas de otros países, da una cifra más alta: más de 174.000 personas en el mismo período. Usé la de Layoffs.fyi porque es la más citada. Si al publicar quieres una cifra más reciente, conviene revisar el sitio ese mismo día.