Cómo empezar una novela con una sola frase
Planificación y estructura narrativa

Cómo empezar una novela con una sola frase

El título de una novela es la primera promesa que el autor le hace al lector. Muchas veces es la única oportunidad de captar su atención. Quise titular este artículo con la intención de atraer a mis colegas. Espero no romper esa confianza ya que es el pecado más grave que puede cometer un escritor.

Creo que empezar a escribir una novela es un acto de fe disfrazado de disciplina. Antes de conseguir terminar mi primera novela estudié algunos libros que ofrecen métodos para organizar la escritura, incluso algunos que desaconsejan la planificación. Revisando mis apuntes encontré algunos viejos resúmenes y pensé que podrían serle de ayuda a alguien que quiere empezar a escribir historias o, para los que, como yo, siempre buscan nuevas herramientas para mejorar como escritores.

No sé si les ha pasado como a mí que he intentado planificar una novela y para eso me he sentado ante la PC y escriben: "Capítulo uno: pasa esto". Después: "Capítulo dos: pasa esto otro". Al rato, la lista parece un manual de instrucciones. Y la novela no se siente como una criatura viva que debería respirar, más bien se siente como un mueble para armar con instrucciones en chino.

También están los que no planifican y se lanzan al vacío confiando en la inspiración. Yo no pertenezco a este grupo de autores. De todos modos también he resumido a quienes proponen escribir sin un plan. Tal vez sea el tema de un futuro artículo. Sin duda es una idea provocativa.

Uno de los primeros libros que estudié fue el famoso método del copo de nieve: "How to Write a Novel Using the Snowflake Method" de Randy Ingermanson. Es un librito de 200 páginas muy recomendable y divertido. No me pareció un sistema perfecto o una fórmula mágica, pero muestra algo fundamental: como hacer crecer una novela como si fuera un copo de nieve.

 

Una frase de quince palabras

Ingermanson propone un ejercicio muy sencillo, tanto que parece una broma. Antes de pensar en personajes, antes de dibujar mapas o inventar sistemas de magia, hay que escribir una sola frase. Una oración que resuma la novela entera. De quince a veinte palabras, sin necesidad de poner nombres propios.

"Un niño mago comienza su entrenamiento y debe luchar por su vida contra otro mago poderoso que asesinó a sus padres" Harry Potter de J.K. Rowling.

Dicho esto, una confesión: el método del copo de nieve no es para todos. Hay escritores que lo han probado y han sentido que les apagaba la chispa. Demasiada planificación, demasiadas listas, muy poca magia. Si eres de los que necesitan sentir la historia mientras la escriben (descubrir al personaje en el momento en que abre la boca), quizás este método te resulte frustrante. También hay géneros que se llevan mejor con este método que otros. 

En la novela negra o la ciencia ficción, donde las tramas suelen tener engranajes complejos, el copo de nieve funciona muy bien. En la poesía o en la literatura más experimental, probablemente no sea la mejor herramienta. Y algo más: requiere mucha paciencia. No es el método de "escribí una novela en dos semanas". Es el método de "voy construyendo de a poco para no perderme". Dicho eso, sigamos.

Volviendo a la frase de Rowling, si no se puede condensar la historia en eso, probablemente aún no se ha encontrado el corazón de lo que se quiere contar. Y lo mejor de todo es que esa frase no necesita ser perfecta. Solo necesita estar escrita así porque entonces deja de ser una idea difusa flotando en tu cabeza y se convierte en un punto de partida tangible.

Un copo de nieve empieza siendo un pequeño cristal. Luego otro cristal se adhiere. Luego otro. Y otro. Hasta que, sin darte cuenta, se tiene una estructura compleja e interesante que nunca podría haber surgido de golpe.

 

El párrafo que lo cambia todo

El segundo paso es igual de sencillo. Se toma esa frase y se la convierte en un párrafo de cinco oraciones. Pero no cualquier párrafo. Esas cinco oraciones son los huesos de tu historia.

La primera frase presenta el mundo y al protagonista. Las siguientes tres son desastres. Pequeños cataclismos que empujan la historia cuesta abajo. Y la última oración es la resolución, el eco que deja todo después de la tormenta.

Lo atractivo de este proceso es que al comienzo no se necesita saber exactamente qué pasa en cada desastre. Solo es necesario intuirlo. Supongamos que se escribe algo como: "Un ex soldado italiano se despierta con un disparo en la cabeza y sin memoria en una clínica de Lomas de Zamora". Todavía no sabemos de qué se ocupa, ni quien le disparó, ni por qué en qué está en Lomas de Zamora. Pero ya se tiene una luz hacia la que caminar.

Y aquí ocurre algo inesperado. Mientras se escribe ese párrafo, mientras se intenta darle forma a esos cinco momentos clave, la historia empieza a hablar. Las ideas que no se sabía que estaban, comienzan a emerger. Un periodista se interesa por el paciente con amnesia, el que quiso matar al italiano descubre que no está muerto. O quizás la policía comienza a investigar el intento de homicilio y el sospechoso principal es un sindicalista.

El método no silencia esas voces. Las escucha. Las incorpora y por eso funciona.

 

Personajes que se vuelven reales

Llega entonces el momento más importante, y también el que más tiempo demanda. Pero cuidado: Ingermanson no propone llenar páginas de datos fríos de entrada. Propone hacerlo en tres niveles, como si también los personajes fueran copos de nieve.

Primer nivel: una frase que resuma la historia del personaje. Por ejemplo: "Un periodista frustrado descubre que el italiano amnésico tiene una historia interesante y decide ayudarlo a recuperar la memoria."

Segundo nivel: un párrafo de cinco oraciones para cada personaje importante, siguiendo la misma estructura que se utilizó para la trama general: presentación, tres desastres personales, y una resolución.

Tercer nivel: recién entonces, una página entera por personaje. Pero no cualquier página. Una página que responda preguntas como: ¿qué quiere este personaje de manera abstracta (el anhelo profundo)? ¿Qué quiere de manera concreta (su objetivo en la historia)? ¿Qué se lo impide? ¿Qué aprenderá?

Esto no es un ejercicio académico. Es la diferencia entre un personaje que camina por la novela como un muñeco de cartón y uno que respira, que duda, que sufre, que toma decisiones que no tienen por qué ser las correctas para el autor.

Para muchos, el personaje más importante es el antagonista. Es quien tiene su propia trama, que a menudo va por detrás de la trama principal (al menos en el tipo de novelas que yo escribo). Es a quién hay que preguntarle varias veces: ¿qué es lo que realmente quiere?. Los villanos que son malos por puro deporte son un poco planos. A veces se comprende por qué es malvado y entonces dejan de de ser un obstáculo en la trama y se convierte en alguien que impulsa la historia con más fuerza. Y esa pregunta puede cambiar toda la novela.

Esa es la importancia de darles espacio a los personajes antes de lanzarlos a la acción. Cuando se conoce bien a los personajes, ellos empiezan a escribir solos. Y lo mejor es dejarlos seguir avanzando.

 

La lista de escenas y la sensación de estar listo

Los siguientes pasos del método son más mecánicos, pero igual de liberadores.

Se expande ese párrafo de cinco oraciones hasta conseguir cuatro páginas. ¿Cómo se hace? La sinopsis de cuatro páginas no se escribe desde cero. Se escribe expandiendo cada una de las cinco oraciones del párrafo original. Si el párrafo de cinco oraciones decía: 1) "El ex soldado se despierta sin memoria", 2) "Un periodista se interesa por su caso", 3) "El sindicalista intenta matarlo de nuevo", 4) "El soldado tiene confianza en el periodista y escapa de la clínica para buscarlo", 5) "El soldado amnésico le salva la vida al periodista"... entonces la sinopsis de cuatro páginas será: media página desarrollando la oración 1, media página desarrollando la oración 2, y así. Cada oración se convierte en una pequeña escena escrita en prosa narrativa. No en viñetas sueltas. En prosa como si ya se estuviera contando la historia, pero en crudo.

Luego viene el momento de elaborar una lista con todas las escenas de la novela. Aquí el método se pone mecánico, pero también liberador: se escribe una línea por cada escena. Cincuenta, ochenta, cien, las que necesite la historia. Cada línea dice, por ejemplo: "Escena 23: A la medianoche Martina entra al archivo. Encuentra la carta. El sereno la descubre." Solo eso, no hay que escribir la escena entera, solo saber qué pasa. A cada escena se le asigna un punto de vista (¿quién cuenta esta escena?), un lugar (¿dónde ocurre?) y al menos un conflicto (¿qué es lo que está en juego?).

Casi sin notarlo ya no se está planificando, se está escribiendo. Porque cada escena tiene su propósito, cada personaje sabe lo que quiere, y el final ya no es ese punto difuso en el horizonte, sino una certeza que llama desde la distancia.

El método del copo de nieve no es una receta mágica para escribir bien. Escribir sigue siendo difícil. Sigue habiendo días en los que las palabras no salen y la página en blanco pesa igual que siempre. Pero hay una diferencia fundamental: uno ya no está perdido.

Si todo va bien, se sabe qué oración hay que escribir a continuación porque ya se tiene idea de su función en el párrafo. Se sabe cómo reaccionará el protagonista porque uno se ha pasado una hora conociéndolo de verdad. Se sabe que cada una de las escenas que vienen tiene un propósito porque por eso se la ha ubicado allí, con una clara intención.

 

Los 10 pasos del método del copo de nieve (resumen)

1. Escribir una frase de 15-20 palabras que resuma la novela.

2. Expandir esa frase a un párrafo de 5 oraciones (presentación, 3 desastres, resolución).

3. Escribir una frase por cada personaje principal.

4. Expandir cada frase de personaje a un párrafo de 5 oraciones.

5. Escribir una página por cada personaje (anhelos, objetivos, conflictos, transformación).

6. Expandir el párrafo de 5 oraciones (paso 2) a una sinopsis de 4 páginas.

7. Expandir la sinopsis de 4 páginas a una de 10-15 páginas.

8. Hacer una lista de todas las escenas (usar una hoja de cálculo o un documento aparte).

9. Escribir la versión de cada escena desde el punto de vista del personaje correspondiente.

10. Escribir el primer borrador.

Nota: los pasos 8 y 9 suelen hacerse en paralelo, no en orden estricto.

 

La única regla que importa

El método tiene diez pasos, pero en realidad solo hay dos reglas que merecen la pena recordar. La primera: escribir tus ideas. No sirven cuando quedan flotando en el cerebro. Hay que capturarlas en papel. Una idea que no se escribe es una idea que desaparece. Y la segunda: conviene empezar a escribir el primer borrador cuando se esté impaciente. No hace falta esperar a que el esquema sea perfecto ni a que no quede ningún cabo suelto. Cuando la historia te pida a gritos que la cuentes.

En mi experiencia, el método del copo de nieve no produce una novela terminada en una semana. Pero lo que produce es algo valioso: un camino de vuelta a casa cuando se pierde el hilo narrativo. Perderse es inevitable, incluso divertido, pero la buena noticia es que se tiene un mapa.

Una última confesión, para cerrar con honestidad: el copo de nieve puede ser tedioso. Hay semanas enteras en las que puede que no se escriba ni una línea de novela, solo esquemas y listas y más listas. Si sos de los que se aburre con la planificación, si tu energía está en el vértigo de la primera escritura, este método te va a costar. Y está bien. No hay un método correcto. Solo el que te mantiene escribiendo.

Como todos sabemos, hay muchos métodos y todos tienen sus ventajas y contras. Quise pasarles este resumen que en su momento me sirvió mucho. Al fin de cuentas, todo empieza con una frase. Una sola frase.

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Cómo empezar una novela Método del copo de nieve Planificación de novelas
Pablo A. Gutiérrez

Pablo A. Gutiérrez

Pablo A. Gutiérrez nació en Buenos Aires. Es licenciado y doctor en Ciencias Biológicas de la Universidad de Buenos Aires. Desarrolló una extensa carrera como investigador y como docente en universid…